A
raíz del fenómeno WikiLeaks se han debatido entre muchos temas la ética, la libertad
de expresión, privacidad, derechos de información, trasparencia, medios de
comunicación, periodismo ciudadano o globalización. El movimiento de esta organización
ha llegado a todos los rincones del mundo siendo así conocido por todos. Su
presencia en diferentes medios de comunicación han hecho que poco a poco, el
australiano Julian Assange, fundador de WikiLeaks, se gane una reputación entre
la sociedad desde el año 2006 con el nacimiento de esta página web.
Tanta
expectación ha creado en los ciudadanos e instituciones que ha pasado desde las
portadas de los periódicos hasta la gran pantalla.
2010
fue sin duda el año del comienzo de una Guerra Digital con filtraciones
desmesuradas de diferentes datos e informaciones referidos a la guerra de Irak
y Afganistan, así como, por la publicación de un
vídeo en el que se veía cómo morían dos periodistas de la agencia Reuters.
El principio de una nueva revolución que destapa secretos de la política de los
Estados Unidos.
WikiLeaks
reta a los periodistas y medios de comunicación a convertirse en lo que Assange
llama “whatchdog” vigilantes del
poder. Esto se debe a que en la actualidad la información llevada por este
sector, y que llega a los individuos, se cuestiona. ¿Son correctas las fuentes
de las que procede la información? ¿Se puede confiar en todo lo que se cuenta? Lo que empezó como un blog de publicación de
filtraciones, vinculada con la filosofía hacker, es hoy uno de los mayores dolores de cabeza que registra la
diplomacia de Estados Unidos. Como bien indica su nombre, es un
portal abierto al mundo en el que su principal misión es la filtración de
información comprometida que gobiernos, empresas u otros actores esconden al
mundo. ¿Hasta qué punto es ético filtrar información sensible al mundo? Y
¿hasta qué punto es ético ocultarla?
Los escándalos de corrupción en España son la noticia principal que abre
cada telediario desde el comienzo de la crisis. La sociedad española conoce las
caras de todos aquellos que han maquillado la realidad con falsas mentiras
dando lugar a la destrucción de la poca confianza que se tenía en los políticos
actuales. Conocemos nombres, hechos delictivos, correspondencia privada, etc.
Tenemos un control de la información, porque sabemos que pasa cada día y cada
momento de ese día, todo sale a la luz, creemos todo lo que nos enseñan y
manipulan nuestras mentes al antojo de unos cuantos.
A raíz de este aluvión de información diferentes plataformas ciudadanas se
han lanzado a la calle para reivindicar derechos y defender la dignidad de las
personas frente a unos políticos metidos en su burbuja protectora “El
Congreso”, lugar donde no tienen un contacto directo con las necesidades de los
ciudadanos. Aun así estas plataformas manifestándose han conseguido que al
menos la opinión pública sea escuchada pero a su vez, cuestionada y juzgada de
manera cruel. Tanto es así, que la nueva ley de Seguridad Ciudadana aprobada
por el Consejo de Ministros en Noviembre del año pasado, a la que muchos
periódicos llaman la ley “mordaza” sanciona siete tipos de infracciones muy
graves castigadas con multas de 30.001 a 600.000€. Algunas de estas siete
sanciones prohíben la convocatoria y asistencia a manifestaciones con finalidad
coactiva, perturbación muy grave del orden en actos públicos, deportivos,
culturales, espectáculos, oficios religiosos u otras reuniones numerosas,
reuniones o manifestaciones no comunicadas o prohibidas en lugares que tengan
la consideración de infraestructuras críticas como centrales nucleares o aeropuertos, así como la intrusión en sus recintos, incluyendo su
sobrevuelo, y la obstrucción de su funcionamiento.
¿De qué sirve que tengamos toda esa información en nuestro poder, si somos
castigados por manifestarnos ante hechos que vulneran nuestro estado como
ciudadanos? En nuestra opinión, esa información sólo nos convierte en mártires
de un sistema sin control, en el que el poder está a manos de unos pocos y los
demás somos súbditos dominados por un mercado descontrolado, un proceso de
globalización negativo (visión que dista mucho de lo positivo que aporta este
proceso a un mundo cada vez más conectado y en constate transformación) y
gobiernos que no atienden las necesidades de los ciudadanos que los eligen para
representarles y respetarles. Creemos que, es como poner un bistec de primera
calidad a un león hambriento, pero teniéndolo atado, cuando el animal
desesperado corre para poder saciar su hambre, una cadena con muchos eslabones
que le impide calmar su necesidad más inmediata, comer.
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